Cosas que la vida nos trae sin avisar
Sigo recuperándome del susto del domingo y hoy que ya han pasado unas horas, puedo compartirte lo que pasó y mi aprendizaje.
Este domingo la vida nos dio un aviso, e esos que no pides, no esperas y que llegan sin avisar, sin pedir permiso.
Mi marido tenía programado un partido de tenis con su hija mediana a las 19:00 hrs.
Un domingo normal, había empezado lloviendo y con pocas esperanzas de que pudieran jugar pero según se iba acercando la hora del partido, el sol se abrió, dando lugar a un rato de raquetas, diversión y risas.
Y en un instante, en un microsegundo, todo paró.
Mi marido totalmente inmovilizado en el suelo, llamada a urgencias, espera hasta que pudiera verle el traumatólogo de urgencias y en pocas horas cirugía y silla de ruedas, diagnóstico: Tendón de aquiles roto totalmente.
Todo en pocas horas.
Todo antes de que pudiera terminar de entender qué estaba pasando, de asimilar lo que había ocurrido, de poder integrar la tensión, las emociones y por supuesto el miedo que me inundaba en esa situación tan inesperada.
Y es que hay algo muy particular en esos momentos en los que la vida te saca del piloto automático de golpe.
Algo que te saca de un plumazo de todo lo que tenías previsto para el día, para la semana, para el mes que viene...de repente todo eso no importa.
Desaparecen las previsones de las vacaciones de verano.
Desaparece la prisa.
Desaparece todo lo que parecía urgente.
Y te quedas con lo esencial.
Mientras esperaba en el hospital con ese silencio raro que tienen los pasillos de urgencias, me sorprendí a mí misma pensando:
¿Qué quiere enseñarnos todo esto?
No desde el drama.
Y te quedas con lo esencial.
Mientras esperaba en el hospital con ese silencio raro que tienen los pasillos de urgencias, me sorprendí a mí misma pensando:
¿Qué quiere enseñarnos todo esto?
No desde el drama.
No desde el miedo.
Sino desde la curiosidad.
Desde ese lugar que he aprendido a cultivar cuando algo llega y no entiendo por qué.
Porque lo he visto demasiadas veces, en mí y en las mujeres que acompaño, como para no creerlo ya:
La vida nos habla constantemente.
A veces en susurros, en pequeñas incomodidades, cansancios que no pasan, esa sensación de que algo no encaja que llevas meses ignorando y cuando no la escuchas en los susurros, a veces, sube el volumen o incluso nos grita expresándose en forma de:
Una enfermedad.
Una ruptura.
Un cambio inesperado
Una enfermedad.
Una ruptura.
Un cambio inesperado
Algo que te para en seco y te obliga a mirar lo que llevabas tiempo sin mirar.
No digo que el dolor sea un castigo, ni mucho menos que la vida nos ponga obstáculos porque merezcamos sufrir.
Digo que los momentos duros, los que menos eliges, suelen ser los que más tienen para enseñarte, si decides mirarlos, si decides preguntarte qué hay detrás, si te permites ir más allá del "qué mala suerte", hasta el "¿y si esto me está diciendo algo que no estaba pudiendo escuchar?"
Y aquí va la pregunta que quiero dejarte hoy:
¿Cuántas cosas te han pasado en la vida a las que no quisiste mirarles el significado?
Cuántas veces algo se rompió: una relación, un trabajo, tu salud, un plan, y lo gestionaste, lo resolviste, seguiste adelante...pero nunca te detuviste a preguntarte qué venía a removerte, qué venía a enseñarte, qué parte de ti estaba pidiendo atención a gritos a través de lo que pasaba.
Los momentos duros son, casi siempre, los mejores maestros, pero solo lo son si te paras, si te miras, si te haces las preguntas incómodas y a veces, no siempre, pero a veces, hacerlo sola es demasiado difícil.
Porque cuando estás dentro del dolor es muy complicado ver con claridad.
Para eso existe el acompañamiento.
Si ahora mismo hay algo en tu vida que te pesa, que no terminas de entender, que se repite y no sabes por qué...quizás no es casualidad que estés leyendo esto hoy.
Tengo abiertas 5 sesiones de exploración para el mes de junio para completar mi agenda.
Una conversación donde miramos juntas lo que está pasando en tu vida y qué puede haber detrás de ello.
Sin prisa.
Sin juicio.
Solo con la intención de entender un poco más.
Si sientes que es tu momento, responde a este correo con un "quiero mirarme" y buscamos el momento.
Con mucho cariño,
Patricia
P.D. — Mi marido ya está en casa, con la pierna en alto y más lecciones de las que esperaba.
A veces la vida nos para precisamente para que miremos lo que no estábamos mirando ;)
