Nos enseñaron a cuidar a todos menos a nosotras mismas
Hace algunos años me di cuenta de algo que me dejó parada.
Yo, que me había formado para acompañar a otras personas, que sabía leer el estado emocional de quien tenía delante, que podía detectar en segundos si alguien necesitaba espacio o cercanía...no tenía ni idea de lo que yo misma estaba sintiendo ante determinadas situaciones.
Me preguntaban "¿cómo estás?" y respondía automáticamente: "Bien, un poco cansada, pero bien."
Sin pausar.
Sin mirar hacia adentro de verdad, porque mirar ahí me daba un poco de vértigo.
Había aprendido a leer a los demás antes de aprender a leerme a mí.
Y eso, me he dado cuenta que no es una rareza, es algo que veo constantemente en las mujeres con las que trabajo.
Recuerdo a una mujer que llegó a consulta hace unos años.
Había aprendido a leer a los demás antes de aprender a leerme a mí.
Y eso, me he dado cuenta que no es una rareza, es algo que veo constantemente en las mujeres con las que trabajo.
Recuerdo a una mujer que llegó a consulta hace unos años.
Cuarenta y tantos años, dos hijos, una vida que sobre el papel funcionaba.
Le pregunté cómo estaba ella.
Le pregunté cómo estaba ella.
No como madre.
No como pareja.
Ella.
Se quedó en silencio un momento y me dijo: "No lo sé, hace tanto que no me lo pregunto que ya no sé qué responder."
Esa frase se me quedó grabada.
Porque no era una mujer rota.
Se quedó en silencio un momento y me dijo: "No lo sé, hace tanto que no me lo pregunto que ya no sé qué responder."
Esa frase se me quedó grabada.
Porque no era una mujer rota.
Era una mujer que había dedicado tanto tiempo y tanta energía a estar atenta a los demás: a sus hijos, a su pareja, a su trabajo, a su madre, que había perdido el hilo de sí misma sin darse cuenta.
Nadie la había educado para escucharse.
Nadie la había educado para escucharse.
Nadie le había preguntado, de pequeña, qué necesitaba ella.
Así que aprendió a funcionar mirando hacia fuera.
Y de adulta, cuando intentaba mirar hacia dentro... no encontraba nada claro. Solo ruido, cansancio y una sensación difusa de que algo faltaba.
¿Te suena esto?
No me refiero a que estés mal.
Me refiero a esa sensación de ir por la vida siendo muy buena en entender a todos los que te rodean... y no saber muy bien qué necesitas tú.
Ser la primera en detectar si tu hijo está triste, si tu pareja está tensa, si una amiga no está bien y al mismo tiempo no saber qué te pasa a ti cuando llegas a casa agotada y no puedes ni explicar por qué.
Eso no es un defecto, es el resultado de años, a veces décadas, sin que nadie te enseñara a hacerte la pregunta más básica: ¿y yo, cómo estoy?
Lo que sí puedo decirte es que ese hilo se puede recuperar.
No de golpe.
Ser la primera en detectar si tu hijo está triste, si tu pareja está tensa, si una amiga no está bien y al mismo tiempo no saber qué te pasa a ti cuando llegas a casa agotada y no puedes ni explicar por qué.
Eso no es un defecto, es el resultado de años, a veces décadas, sin que nadie te enseñara a hacerte la pregunta más básica: ¿y yo, cómo estoy?
Lo que sí puedo decirte es que ese hilo se puede recuperar.
No de golpe.
No con una lista de técnicas ni con un curso de inteligencia emocional que añadir a la lista de cosas que "tienes que" hacer.
Sino poco a poco, con acompañamiento, aprendiendo a pausar y a escucharte antes de salir corriendo a atender lo siguiente.
Cuando una mujer empieza a entenderse a sí misma: sus emociones, sus patrones, de dónde vienen, algo cambia.
Sino poco a poco, con acompañamiento, aprendiendo a pausar y a escucharte antes de salir corriendo a atender lo siguiente.
Cuando una mujer empieza a entenderse a sí misma: sus emociones, sus patrones, de dónde vienen, algo cambia.
No solo en ella.
Cambia la forma en que está con sus hijos, con su pareja, consigo misma, y eso no tiene precio.
Si mientras leías este correo has sentido que algo de esto va contigo, me gustaría que habláramos.
Tengo abiertas algunas sesiones de descubrimiento gratuitas para el mes de mayo, una conversación de unos 30 minutos en la que exploramos juntas dónde estás, qué te está pesando y si tiene sentido que trabajemos juntas.
Sin compromiso.
Si mientras leías este correo has sentido que algo de esto va contigo, me gustaría que habláramos.
Tengo abiertas algunas sesiones de descubrimiento gratuitas para el mes de mayo, una conversación de unos 30 minutos en la que exploramos juntas dónde estás, qué te está pesando y si tiene sentido que trabajemos juntas.
Sin compromiso.
Sin presión.
Solo espacio para ti, quizás por primera vez en mucho tiempo.
Si quieres reservar la tuya, responde haciendo "click" en el botón de debajo y te escribo con los próximos pasos.
Por disponibilidad de agenda, sólo podrán reservar las 10 primeras personas que reserven ;)
Un abrazo,
Un abrazo,
Patricia
